Hablas tu sola, ni siquiera te entiendo.
Sobre la banqueta, pisó una rama queriendo partirla a la mitad durante dos segundos que duró su pie en el suelo. Ya había comenzado la reja blanca, después, los juegos pintados de colores para los niños. Me sentó en una banca mientras los niños corrían enfrente.
Los niños, como los mudos, ciegos y sordos, no dicen que les importa ver a gente grande llorando.
La mata de pelo sin brillo desde varios días atrás, recordaba que en realidad me lo decía, que no abría más los ojos porque no los podía sentir.
A la par de una charla privada y directa, sonaba al oído la preocupación vista en sus ojos y puesta de los míos que deseaba poder ponerselos en los suyos otra vez.
Los niños veían por turnos mientras repetían muchas veces en sus labios como a coro planeado palabras para hacerme pensar quién les enseñó a decir tantas cosas de grandes.
Sobre la banqueta, pisó una rama queriendo partirla a la mitad durante dos segundos que duró su pie en el suelo. Ya había comenzado la reja blanca, después, los juegos pintados de colores para los niños. Me sentó en una banca mientras los niños corrían enfrente.
Los niños, como los mudos, ciegos y sordos, no dicen que les importa ver a gente grande llorando.
La mata de pelo sin brillo desde varios días atrás, recordaba que en realidad me lo decía, que no abría más los ojos porque no los podía sentir.
A la par de una charla privada y directa, sonaba al oído la preocupación vista en sus ojos y puesta de los míos que deseaba poder ponerselos en los suyos otra vez.
Los niños veían por turnos mientras repetían muchas veces en sus labios como a coro planeado palabras para hacerme pensar quién les enseñó a decir tantas cosas de grandes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario