Se espanta. Se lleva los dedos a la boca. Toca con las uñas sus labios. Las entierra para ubicarse por su sentir en medio del miedo que le provoca la imposibilidad de apretarle su manga holgada hasta cerrar en puños sus manos.
agosto 18, 2013
Me bastó saber que le había ayudado cuando me lo contó
sobre la cama mientras me animaba a verle sólo la mano que tenía extendida
detrás la mía. De esta manera, se había cumplido ya de forma recíproca el favor
que inconscientemente me había brindado, y del que yo me había propuesto agradecerle
de manera permanente.