agosto 15, 2010

Era el paseo de nadie

Pensaba mientras lo veía acercase y pasaba por su suelo.

A esa hora, el agua formaba en él una luz amarillosa
permanente.

Las gotas cayendo me hacían imaginar a gente esperandome.
El ruido y la soledad distraía, cuando veía gente que no estaba.

Dije después, "Los vivos son más peligrosos que los muertos".

Mientras, mi espalda se volvió frágil, mis ojos débiles y alguien
más lo observaba desde el cuarto sobre las escaleras,
detrás del cristal.


A la luz artificial, me dí cuenta que tenía el cabello mojado
y con
una breve mirada entendí que el hambre ya no me quería.
El hambre
es caprichosa también.

De regreso, el agua y la humedad mezclaban el ambiente. Ya
dejaban
de existir los lugares precisos, los momentos necesarios
y volvía el
silencio.

Las pausas marcaban el tiempo de las estrellas cayendo.

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