Me bastó saber que le había ayudado cuando me lo contó
sobre la cama mientras me animaba a verle sólo la mano que tenía extendida
detrás la mía. De esta manera, se había cumplido ya de forma recíproca el favor
que inconscientemente me había brindado, y del que yo me había propuesto agradecerle
de manera permanente.
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