octubre 14, 2013

Se siente así. 

La noche cerrada se mantiene detrás de uno de los dos horizontes principales de la calle. Y sobre ella, por la otra cara, amanece con azules y rosas amargos, hacia donde se camina. 


El cuerpo no pesa más que el frío en piernas y el pecho deshecho, que se cubre bajo muchas telas que calientan los brazos y la espalda y que sin éxito el suelo jala hacia sí, en un intento de reclamar los sentimientos terrenales que no se mezclan con el deseo de pasar por el aire de forma inadvertida.


De manera que no se reconozcan nunca las mismas caras tristes, que miran a los ojos de uno antes de reconocer su reflejo. Que se llevan a donde no se deshacen de la mueca de incomodidad,a paso rápido, más allá de la banqueta de figuras geométricas. 


Sobre la calle de dos caminos, uno que lleva y otro que trae, busco conocer el rostro que me dé respuestas. Uno de los dos. Uno de injusticias u otro de amorosa frustración. O el último, que sólo reconocería por mis esfuerzos al desear terminar con fallidos planes ajenos, para comenzar los propios sin matices del carmín que pintan por melancolías.


Es un dolor placentero que termina al final del camino, al topar con la calle perpendicular más próxima. 


Sigue haciendo frío. Cubro mi cuello y mis manos. 


Comienza la tercer parte del recorrido con pesadumbre en los hombros, y con ganas de volver atrás, cuando el cuerpo no reclamaba viajar sólo y la única fuerza que existía invitaba hacia el frente o se mantenía en un punto medio, para equilibrar los pasos que miraban siempre hacia arriba.


Sobre las aceras las personas tienen mochilas grandes, gorras y chamarras gruesas y no tienen rostro. Todos se hacen perder, se dejan de notar. Giran sus cabezas hacia el movimiento más cercano que les llame a su percepción, y regresan a ser invisibles.

Es allí donde se puede recordar la levedad. 


agosto 24, 2013

Se espanta. Se lleva los dedos a la boca. Toca con las uñas sus labios.

Las entierra para ubicarse por su sentir en medio del miedo que le provoca la imposibilidad de apretarle su manga holgada hasta cerrar en puños sus manos.




agosto 18, 2013

Me bastó saber que le había ayudado cuando me lo contó sobre la cama mientras me animaba a verle sólo la mano que tenía extendida detrás la mía. De esta manera, se había cumplido ya de forma recíproca el favor que inconscientemente me había brindado, y del que yo me había propuesto agradecerle de manera permanente. 

abril 15, 2013

De un rincón donde nos llama a la misma hora. Que nos convence a la misma idea que nos vamos gastando con cada cita. Imaginándonos los mismos bailes, los mismos gestos, las mismas innombrables señales nocturnas que sabemos tenemos presentes desde hace ya tiempo indefinido. 

De distante disfrute próximo a caducar si se mantiene en la misma naturaleza ausente.      

abril 14, 2013

La consecuencia es vivir en bloques. Con emociones estancadas o nunca desvanecidas totalmente. En historias cortas o vastas y largas en exceso. Con la frase mal olvidada y prohibida de "qué hubiera pasado si" en la punta de la lengua. En una vida agitada de un vaivén cambiante. Con muchos amantes y con Soledad, el amor ausente de nuestras vidas.

Para volver a donde comenzamos a pensar en irnos. Y volvernos extranjeros de todos los lugares. En un extrañar continuo, que ya no quema, pesa.

marzo 16, 2013

En el rincón de los espejos resulta incómodo escribir. Dormir. Callar. 

"Háblame quedito, si no, no me hables. Mírame de frente en breves momentos. De reojo, nada". 



 

marzo 13, 2013

"Alúmbralo hasta aquí, quiero que lo escuche todo, para que no le quepa duda. Que lo escuche cuando quiera, como quiera y si quiere. Que lo lea frívolamente".

Silencio.