Los anillos iguales eran para hacerle crecer el miedo,
que bien se entendería, no era propio de él.
Apenas viéndole la cara cuando se le atraviesan pares de cualquier cosa, perfectos, combinantes, que llevan el mismo paso, que le reflejaran la sonrisa de atención que les dedica cuando me lleva de la mano, se le leería su opinión exacta en su rostro
Asusta saber cuándo va a voltear y tocar con su boca mi frente, justo en la banqueta mientras la gente se atiborra y él me acerca con sus brazos hacia sí mismo
Me distraigo al pensarlo, mientras el tiempo se consume en la fosforescencia de los números que indicarían cuándo podremos pasar
Dos minutos más y él podrá buscar algo nuevo para hacerme sonreír y yo, tendré el tiempo suficiente para disimular el susto que significa tener su mano en la mía
Después de cruzar la calle
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