diciembre 24, 2009

Sí, también llovió

Y se empezaban a oler esos días.

Al final de aquellos estresantes, al final de esos que parecían durar más de 24 horas.

Los trabajos atrasados, que valen dos puntos de la calificación final.

Las tentaciones al alcance de la nariz. Yo, apoyada en un brazo mientras le repito los ejercicios de matemáticas.

Contando los minutos, enseñandole cuándo mi mamá termina de secarse el pelo, qué hace después de apagar la secadora, todo para no levantarnos precipitadamente a escondernos en la cocina o en algún otro lugar.


Escucharle sus echadas de menos adelantadas, mientras me toma de la mano y le veo como quien no entiende el idioma en el que le hablan.

Mi vida, se me acaba de olvidar por qué lloraba.


Sí, esos llantos

Y la maestra nos lo advirtió

"¿Esas cosas?... ¿Tú y ...(pregunta indiscreta)"

"No, no maestra, es un tratamiento"

"Ah... (Entonces dijo una de sus buenas frases)... esas cosas te traen como zombi"


He aprendido la importancia del gorrito en la fiesta


Pero en realidad es un tratamiento, lo juro.


Estas vacaciones parecen vacaciones de Semana Santa.

Si Semana Santa tuviera un día más que le alargara el tiempo de ocio en competencia a estas vacaciones, me reiría mucho. Hasta andaría feliz en la mañana por haberle atinado al desconcierto.

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