Y sucede algo. Algo de lo más curioso. Unos deseos enormes de buscar un lugar que sirva de refugio para la calma que se crea cuando se encuentran los dos solos.
noviembre 18, 2013
octubre 14, 2013
Se siente así.
La noche cerrada se mantiene detrás de uno de los dos horizontes principales de la calle. Y sobre ella, por la otra cara, amanece con azules y rosas amargos, hacia donde se camina.
El cuerpo no pesa más que el frío en piernas y el pecho deshecho, que se cubre bajo muchas telas que calientan los brazos y la espalda y que sin éxito el suelo jala hacia sí, en un intento de reclamar los sentimientos terrenales que no se mezclan con el deseo de pasar por el aire de forma inadvertida.
De manera que no se reconozcan nunca las mismas caras tristes, que miran a los ojos de uno antes de reconocer su reflejo. Que se llevan a donde no se deshacen de la mueca de incomodidad,a paso rápido, más allá de la banqueta de figuras geométricas.
Sobre la calle de dos caminos, uno que lleva y otro que trae, busco conocer el rostro que me dé respuestas. Uno de los dos. Uno de injusticias u otro de amorosa frustración. O el último, que sólo reconocería por mis esfuerzos al desear terminar con fallidos planes ajenos, para comenzar los propios sin matices del carmín que pintan por melancolías.
Es un dolor placentero que termina al final del camino, al topar con la calle perpendicular más próxima.
Sigue haciendo frío. Cubro mi cuello y mis manos.
Comienza la tercer parte del recorrido con pesadumbre en los hombros, y con ganas de volver atrás, cuando el cuerpo no reclamaba viajar sólo y la única fuerza que existía invitaba hacia el frente o se mantenía en un punto medio, para equilibrar los pasos que miraban siempre hacia arriba.
Sobre las aceras las personas tienen mochilas grandes, gorras y chamarras gruesas y no tienen rostro. Todos se hacen perder, se dejan de notar. Giran sus cabezas hacia el movimiento más cercano que les llame a su percepción, y regresan a ser invisibles.
Es allí donde se puede recordar la levedad.
La noche cerrada se mantiene detrás de uno de los dos horizontes principales de la calle. Y sobre ella, por la otra cara, amanece con azules y rosas amargos, hacia donde se camina.
El cuerpo no pesa más que el frío en piernas y el pecho deshecho, que se cubre bajo muchas telas que calientan los brazos y la espalda y que sin éxito el suelo jala hacia sí, en un intento de reclamar los sentimientos terrenales que no se mezclan con el deseo de pasar por el aire de forma inadvertida.
De manera que no se reconozcan nunca las mismas caras tristes, que miran a los ojos de uno antes de reconocer su reflejo. Que se llevan a donde no se deshacen de la mueca de incomodidad,a paso rápido, más allá de la banqueta de figuras geométricas.
Sobre la calle de dos caminos, uno que lleva y otro que trae, busco conocer el rostro que me dé respuestas. Uno de los dos. Uno de injusticias u otro de amorosa frustración. O el último, que sólo reconocería por mis esfuerzos al desear terminar con fallidos planes ajenos, para comenzar los propios sin matices del carmín que pintan por melancolías.
Es un dolor placentero que termina al final del camino, al topar con la calle perpendicular más próxima.
Sigue haciendo frío. Cubro mi cuello y mis manos.
Comienza la tercer parte del recorrido con pesadumbre en los hombros, y con ganas de volver atrás, cuando el cuerpo no reclamaba viajar sólo y la única fuerza que existía invitaba hacia el frente o se mantenía en un punto medio, para equilibrar los pasos que miraban siempre hacia arriba.
Sobre las aceras las personas tienen mochilas grandes, gorras y chamarras gruesas y no tienen rostro. Todos se hacen perder, se dejan de notar. Giran sus cabezas hacia el movimiento más cercano que les llame a su percepción, y regresan a ser invisibles.
Es allí donde se puede recordar la levedad.
agosto 24, 2013
agosto 18, 2013
Me bastó saber que le había ayudado cuando me lo contó
sobre la cama mientras me animaba a verle sólo la mano que tenía extendida
detrás la mía. De esta manera, se había cumplido ya de forma recíproca el favor
que inconscientemente me había brindado, y del que yo me había propuesto agradecerle
de manera permanente.
abril 15, 2013
De un rincón donde nos llama a la misma hora. Que nos convence a la misma idea que nos vamos gastando con cada cita. Imaginándonos los mismos bailes, los mismos gestos, las mismas innombrables señales nocturnas que sabemos tenemos presentes desde hace ya tiempo indefinido.
De distante disfrute próximo a caducar si se mantiene en la misma naturaleza ausente.
De distante disfrute próximo a caducar si se mantiene en la misma naturaleza ausente.
abril 14, 2013
La consecuencia es vivir en bloques. Con emociones estancadas o nunca desvanecidas totalmente. En historias cortas o vastas y largas en exceso. Con la frase mal olvidada y prohibida de "qué hubiera pasado si" en la punta de la lengua. En una vida agitada de un vaivén cambiante. Con muchos amantes y con Soledad, el amor ausente de nuestras vidas.
Para volver a donde comenzamos a pensar en irnos. Y volvernos extranjeros de todos los lugares. En un extrañar continuo, que ya no quema, pesa.
Para volver a donde comenzamos a pensar en irnos. Y volvernos extranjeros de todos los lugares. En un extrañar continuo, que ya no quema, pesa.
marzo 16, 2013
marzo 13, 2013
marzo 12, 2013
"No existe, no existe. No existen esas líneas que dividen todo. Tus ojos no miran igual. No. No los miro igual".
Hay un susto continuo.
Por primera vez después de meses abrió las palmas de las manos y dejó caer lo que cargaba sobre la mesa.
Alzó la mirada. No quería verlo. Un breve recuerdo desapareció. Y no lo vio.
El cuarto estaba a oscuras. Se sentó en la silla. El cuarto está iluminado. Cerró los ojos.
A doble deseo lo ignoró todo. A doble deseo decidió escuchar ahora. El primer deseo fue necesidad, el segundo deseo es terquedad.
Hay un susto continuo.
Por primera vez después de meses abrió las palmas de las manos y dejó caer lo que cargaba sobre la mesa.
Alzó la mirada. No quería verlo. Un breve recuerdo desapareció. Y no lo vio.
El cuarto estaba a oscuras. Se sentó en la silla. El cuarto está iluminado. Cerró los ojos.
A doble deseo lo ignoró todo. A doble deseo decidió escuchar ahora. El primer deseo fue necesidad, el segundo deseo es terquedad.
noviembre 25, 2012
Mira las líneas que te he escrito.
Echa un vistazo a aquello, de forma rápida y breve para que tu corazón no fuerce la vida que hay en ti y así evites que se encoja sobre tus palmas.
De hoy en adelante será del mismo tamaño que el de la gente común y en nosotros dos quedarán los sonidos que dejó la música que te regalé para que te acompañara en lugares lejanos, mientras yo no podía acompañarte.
Es un eco que guardo como mapa en mis venas, y consulto en mis muñecas cada vez que siento un palpitar, de esos que me provocabas.
abril 09, 2012
"¿Te vas? No."
Citó una vez más. Después de la vez pasada que había resultado
especialmente turbadora. Dejó las llaves sobre la mesa.
Él siguió con los labios cerrados. Ella desarrollaba el monólogo
que debía ser repartido.
"Disculpa, no tengo ocasión de decirlo una vez más. Desde hoy no."
Él mantenía el ritmo de las acciones. La puerta se volvió indecisa,
en un escenario de naturaleza compartida, era evidente que no
accedería a los deseos de ninguno de los dos si alguno de estos no
fuera más fuerte que otro. De igual manera con las llaves, con la
mesa, con la ventana, con las cortinas, con el piso. Los objetos
debíanser siempre neutrales, ¿y cómo este perfecto equilibrio
seguía siendo parte de un todo?
Si el barco a medio hundir permanecía cargando el peso de forma
tan desigual, era obvio que uno de los lados se ahogaba sin ser
asesinado totalmente. Y quien tuviera la suerte de permanecer
sobre el agua, tenía una oportunidad extra en la decisión con su
última palabra.
especialmente turbadora. Dejó las llaves sobre la mesa.
Él siguió con los labios cerrados. Ella desarrollaba el monólogo
que debía ser repartido.
"Disculpa, no tengo ocasión de decirlo una vez más. Desde hoy no."
Él mantenía el ritmo de las acciones. La puerta se volvió indecisa,
en un escenario de naturaleza compartida, era evidente que no
accedería a los deseos de ninguno de los dos si alguno de estos no
fuera más fuerte que otro. De igual manera con las llaves, con la
mesa, con la ventana, con las cortinas, con el piso. Los objetos
debíanser siempre neutrales, ¿y cómo este perfecto equilibrio
seguía siendo parte de un todo?
Si el barco a medio hundir permanecía cargando el peso de forma
tan desigual, era obvio que uno de los lados se ahogaba sin ser
asesinado totalmente. Y quien tuviera la suerte de permanecer
sobre el agua, tenía una oportunidad extra en la decisión con su
última palabra.
febrero 04, 2012
Naturalmente comienzo con somos
porque te tengo en la punta de la lengua,
porque te quiero en la punta de mis labios,
porque todo apunta al norte de tu mirada,
la mirada que arrojas adonde yo miraré finalmente.
Lo desee o no, lo permita o no, lo descuide o no,
el propósito lo dejé sobre la mesa el día que bajé la guardia
para hacerte frente.
porque te quiero en la punta de mis labios,
porque todo apunta al norte de tu mirada,
la mirada que arrojas adonde yo miraré finalmente.
Lo desee o no, lo permita o no, lo descuide o no,
el propósito lo dejé sobre la mesa el día que bajé la guardia
para hacerte frente.
Es una urgencia
pero antes que nada, una contradicción.
Y si respondiera a este segundo, no existiría desde el principio.
Sería una nueva creación de mi mente,
una historia que no acaba, por lo tanto no debió haber iniciado.
Es el famoso hubiera, la contradicción del léxico de todos los tiempos.
Y si respondiera a este segundo, no existiría desde el principio.
Sería una nueva creación de mi mente,
una historia que no acaba, por lo tanto no debió haber iniciado.
Es el famoso hubiera, la contradicción del léxico de todos los tiempos.
enero 29, 2012
enero 27, 2012
noviembre 27, 2011
agosto 18, 2011
Voy a decirle la verdad.
Nunca imaginé que viviría esto que estoy viviendo.
Haciendo hincapié en las noches solitarias y el alimento etéreo.
Las visitas a escondidas y las mentiras que separan
nuestras vitales realidades.
Debo ser sincera con usted. Me apaga el corazón
mientras trata de avivar el de otra mujer que ya no
le pertenece por haberme recibido a mí en sus brazos.
Dígame si vale la pena seguir siendo su amante y si
algún día volverá a pertenecerme ese corazón que
me robó...
O si me dará aquel que me prometió.
Haciendo hincapié en las noches solitarias y el alimento etéreo.
Las visitas a escondidas y las mentiras que separan
nuestras vitales realidades.
Debo ser sincera con usted. Me apaga el corazón
mientras trata de avivar el de otra mujer que ya no
le pertenece por haberme recibido a mí en sus brazos.
Dígame si vale la pena seguir siendo su amante y si
algún día volverá a pertenecerme ese corazón que
me robó...
O si me dará aquel que me prometió.
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